7 de septiembre de 2014

Dogging (me pone hacerlo en público)

Buenos días, tardes o noches (esto depende de cuándo os sintáis irremediablemente atraídos por el sugerente título de este post).

                                      

Estoy segura de que estáis deseando leer los detalles más escabrosos de mi provocativa vida sexual al aire libre pero lamento anticiparos que ese no es el tema principal de esta entrada (aunque podéis imaginar todo lo que queráis, que para eso es gratis).

La cuestión es que uno de los artículos del último número de Glamour detalla la naturaleza de este fenómeno denominado dogging. Para quienes no lo hayáis deducido ya, el dogging se basa en llevar a cabo prácticas sexuales en público y, al parecer, se manifiesta en parejas sexuales a partir de los 30 años.

¿Por qué? Pues, en teoría, se trata de una manera de renovar la vida sexual de la pareja (y digo la pareja y no "uno mismo" porque seguro que si nos encontrásemos un individuo tocándose en cualquier lugar público, este no sería un practicante de dogging sino un perturbado de los pies a cabeza). En cualquiera de los casos, no tengo muy claro qué pensar al respecto.

                             

Porque, entre pitos y flautas, el artículo que presenta Glamour acaba derivando en que no sólo hacerlo en público mola y estimula. Lo que de verdad mola es coger a un completo desconocido en mitad de un concierto y hacérselo a tope, en mitad del gentío mientras tu novio se queda en casa con gripe. Eso, chicas y chicos, sí que debe rentar.

Yo, sin ir más lejos, el otro día decidí darle riesgo y pasión a mi vida (sexual) y agarrarme a una en la cola del súper. Cómo lo gozamos las dos mientras las abuelas, las amas de casa y los solteros nos observaban sin dar crédito. Una locura, vamos.

Lo único que me dio un poco de apuro al final, fue cuando me dí cuenta de que Jorge me estaba esperando en casa y de que, claro, a ver quién y qué le iba a decir de mi melena alborotada y de los rumores que desde aquel día corren por el barrio. Así que tuve una idea prodigiosa: ¿y si no se lo cuento?

Y así fue, le mentí. Como Jorge siempre fue un poco lento (fronterizo) y, además, tampoco se merecía mi respeto porque no quería hacerlo en un parque infantil pues se la metí doblada. Y os aconsejo que hagáis lo mismo. Como decía mi madre (y la Biblia) "que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha".

Y esta historia de ficción es, básicamente, lo que la periodista Eva París nos cuenta en su texto publicado por Glamour: la renuncia a los principios en favor de lo mainstream, que es lo que vende y lo que interesa.


Con sarcasmo y una pizca de desdén:




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