7 de abril de 2016

El día en el que me colgué (literalmente) de mi profesor.

¿Qué puedo hacer para que te creas que no he tenido un sólo momento para escribir? Seguramente nada. A ver, es verdad que podría haber escrito mientras me cortaba las uñas de los pies, pero tampoco quería echar a perder mi momento mágico de relax diario (básicamente porque no tengo muchos más).

En realidad puede que un poco más. Bueno, sí. Vale, lo confieso. Pero los ratitos que he tenido los aprovecho para ver series y series y más series. Por ejemplo, terminé House of Cards una semana después de que la sacaran. Qué maravilla, ¿quién se iba a resistir? Es más, cuando más trabajo tengo con el máster, menos hago lo que debería hacer. Por eso cuando estoy de exámenes me sé de memoria el newsfeed de Facebook las últimas noticias. Por otro lado, como que me he super enganchado a un juego (sin jugar) y no me lo quiero descargar hasta que tenga más tiempo.


Aunque si algo bueno tiene no escribir en tanto tiempo, es que se acumulan las cosas que contar. Claro, que ahora podría poner una serie de bullet points para clasificar los temas pero como esto no es un puto paper de mierda, pues te lo contaré con un poco de storytelling de ese que está de moda.

Pues resulta que allá por febrero me ocurrió una historia super cómica con mi ex-profesor de Retórica. Estaba yo en el metro en ese momento de la mañana en el que escucho música molona para ir a full por la vida (así como que vas tipo estrella de rock pero que si te vieras a ti misma desde fuera pensarías "qué gilipollas es esa") y de repente, cuando me giro por un instante, me doy cuenta de que Mr. LP está a dos metros. Por supuesto, cruzamos miradas y no tuve más remedio que acercarme y saludar amablemente. He de decir que son muchos los rumores que corren sobre este hombre de mediana edad y, aunque a veces surja el término "perturbador" en lo referido a él, la verdad es que parece una persona inteligente (aunque con algunos conflictos internos que tal vez quiera resolver).

El caso es que íbamos tarde porque ambos somos un desastre de la puntualidad. Y estábamos andando rápido bajo la lluvia hasta que decidió cruzar a toda prisa un paso de cebra cuyo semáforo acababa de ponerse en rojo para los peatones como nosotros. Y corrimos. Y me resbalé con mis zapatos de plataforma. Y mi tobillo adoptó una posición nunca antes conocida. El caso es que, como apenas podía andar, Mr. LP tuvo que ofrecerme su brazo mientras me preguntaba sobre mi estado en inglés y mis gafas se llenaban de gotitas de lluvia porque, por supuesto, nunca llevo paraguas. Lo del inglés pues parecerá una idiotez pero la verdad es que nunca me había visto en la situación de querer decir "me cago en la puta, menuda hostia me he metido". Una escena muy entrañable, sobre todo porque tuve que ir amarrada al profesor hasta que llegamos a la puerta de l'école. C'est magnifique !

Mas tarde, ya en casa vendría la fase de buscar en wikihow si lo que tenía era un esquince o una mera torcedura. Me gustaría subir la foto aquí de mi pie aquel día pero creo que podría herir sensibilidades. Por cierto, se trataba de un esguince porque hoy (dos meses después) me sigue j*******. Por lo menos, ahora ya puedo subir las putas escaleras de Sciences Po, que son muchas.

Bueno, prometo guardarme muchas más de estas para las próximas entradas (es más, tengo ya nuevas anécdotas de mi vida absurda).

À bientôt !





8 de febrero de 2016

Los clichés de la vida doméstica ¿en París?

Su rostro es lo primero que veo cada mañana, junto al amanecer. Me gusta esperar durante un instante mientras observo como él respira dulcemente mientras duerme. Otro día maravilloso nos espera tras abrir la puerta que separa nuestro pequeño pintoresco estudio de la capital más encantadora del Antiguo Continente: París.

Justo entonces me caí, en mitad del sueño. ¿Acaso esperabas una comedia romántica al estilo de las películas de sobremesa de los domingos navideños? Si es así, mejor que cierres esta pestaña del navegador. Cuatro años de relación dan para mucho: muchas más anécdotas, mucho más versátiles que las que podrían esperarse de una novela de Federico Moccia.

Nuestros temillas de convivencia podrían explicarse a partir de los siguientes puntos (que nada son en comparación con los compañeros de piso indeseables):

1. Los cereales reclaman una separación de bienes urgente. Porque claro, en primer lugar está la ardua lucha por comprar el tipo de cereales que le gusta a cada uno. ¿Que podríamos comprar una caja para cada uno? Sí ¿y qué sería lo siguiente? ¿Comprar carne de ternera si eso? ¿Comprar papel higiénico de doble capa? Por favor, seamos coherentes.

El caso es que una vez que cada uno ha luchado por llevarse la marca de cereales que prefiere, queda lo mejor. La parte en la que uno consigue que se compren los cereales quería y la otra parte, en la que uno no sabe nada sobre cómo esos cereales se han reducido un 75% en dos días. ¿Pero qué demonios? ¿No se supone que estos de chocolate no te gustaban, puta? Así es cada una de nuestras mañanas.

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2. Un termo eléctrico demasiado pequeño o la habilidad insuficiente para disimular el pelo sucio. De hecho.

¿Pero qué es eso de levantarse el primero para ducharse todo gocho y acabar con los más que suficientes 12 litros del depósito? ¿Pero te has vuelto loco? Vamos, yo con esa agua limpio cada una de las ventanas de las cincuenta plantas que tienen las cuatro torres de Madrid. Y todavía me sobra para un caldo, no sé tú.

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3. La vida nocturna: y con ello no me refiero a eso de salir y pasárselo ¿qué? No te vayas a confundir. En esta casa no se siguen las modas esas de los seres sociales, sino que hablamos mientras dormimos para suplir la falta de socialización

Me refiero a que alguien te despierte en mitad de la noche para invitarte a una merienda entre sueños. Otras veces soy yo la que comenta "¡Qué fácil que es controlar a los hombres!" antes de echarse a reír a carcajadas mientras duerme. Supongo que si seguimos juntos es porque me tiene cariño y algo de aprecio. ¿No crees?

4. Vivir "independientemente" también te procura nuevas y singulares skills. La nueva habilidad que pronto revelaré también en LinkedIn es la de sesadora de pollos (#chickensesator). Porque sólo los más ruines y "apañaos" saben que el pollo a piezas sale más barato al peso que esas pechuguitas bien fileteadas para burgueses. En nuestra casa somos nosotros los que destrozamos, decapitamos, fileteamos, troceamos y destruimos el pollo. Aquí tonterías y pijadas, las justas.




5. Poner una alarma, poner dos alarmas, poner tres alarmas, en fin. Ya sabéis que hay dos tipos de persona: aquellas que ponen la alarma a una hora porque se levantarán en dicho momento (se trata de mi caso y de lo más lógico, si se me permite la crítica) y aquellas que deciden jugar con las fases del sueño y programar dos o incluso tres alarmas diferentes para bajar varias veces las putas escaleras (es lo que tiene dormir en una mezzanine). ¿Pero a qué clase de tortura os sometéis voluntariamete almas de cántaro? No lo entiendo. Y claro, lo peor viene cuando una persona del primer grupo duerme con una persona del segundo que, por circunstancias de la vida, se levanta antes: orgásmico.

6. El cambio radical que sufre tu vida cuando te conviertes en el novio de una pesada que no hace más que publicar contenidos everywhere: qué coñazo de persona soy, en serio. Qué paciente mi amado, se tiene ganado el cielo.

De esto que vamos a un "escenario" y me quito el abrigo, el bolso y se lo endoso al pobre. Y poso. Y vuelvo corriendo porque llevo las gafas y quiero que se las quede. Y regreso a la pose. Y vuelvo porque tengo que pintarme los labios y tengo que sacar el móvil del bolso para utilizar la auto-cámara. Y vuelvo. Y entonces me doy cuenta de que quiero que sea otro encuendre [...]. Precioso. Si no es amor que venga el mismísimo Moccia y lo vea.



7. La búsqueda incansable de la bolsa de oro. Sí, esa bolsa del súper que no se va a rajar de arriba a abajo en cuanto salgas por la puerta y ya no puedas pedir otra. Y a quién le toque, le ha tocao y le toca llevarla como sea hasta casa. Con tal de ello, no importa que vayas haciendo malabares con las manos ensangrentadas si es necesario.

8. El oscuro riesgo de que a uno se le caiga algo detrás de los muebles de la cocina. Eso sí, si te toca la has cagado man. En primer lugar, porque si el lugar es accesible vas a encontrarte todo tipo de seres o formaciones de cosas en sus diferentes estados. Si, en segundo lugar, no eres capaz de llegar al hueco que hay detrás del fregadero, lo siento. Serás tú el que habrá de lidiar con las cucarachitas que nacerán de los restos de patatita que hoy ha rodado inocentemente hacia su destino final. También puedes bailar el "Follow the leader" con ellas, si te animas.

Seguro que podría hacer una lista interminable de estos deliciosos momentos de la vida doméstica y de la convivencia pero mejor me los guardo para futuros posts, que es lunes y hay que rendir.


¿Qué te parece el romanticismo parisino?



25 de noviembre de 2015

No soy yo; eres tú, España.

A consecuencia de la crisis que arrecia profundamente mi querida España, me encuentro a menudo con las típicas entradas sobre aquellos jóvenes que hemos tirado la casa por la ventana para buscar nuevas oportunidades fuera de nuestro país de origen.

Ya sabes, me refiero a la historia de los miles de españoles diplomados/licenciados/graduados (o no) que se vieron obligados a abandonar el país en el que crecieron. ¿Recuerdas aquella experiencia de la enfermera que se fue a Londres para acabar limpiando las mesas del comedor de un convento? ¿Y qué fue de aquel pobre ingeniero de energías que terminó por servir cervezas en un tourist trap de Munich? Increíble, ¿cierto? Muchos de ellos, sobrecualificados se escucha, dedican su tiempo y energía a "tirar pa'lante".

Como digo, muchos de ellos se van con lo puesto. Otros tantos, cuentan con los ahorros de los padres indulgentes que tratan de comprender lo cambiado que está el mundo y las secuelas que sufren las generaciones que les sucederán. Los padres de emigrantes miran a sus hijos con un brillo especial en los ojos, deseando que crezcan y que aprendan a convertirse en adultos independientes en unos pocos meses (o semanas, si es posible). Otro de los sectores entre los emigrantes españoles tiene la suerte de partir con un contrato bajo el brazo; y otros simplemente se atreven a integrarse en una cultura diferente porque pueden hacerlo, en lo referido a su economía.

Mi caso es difícilmente clasificable. La cuestión es que hoy estoy aquí, como hace un par de años y como lo seguiré estando dentro de otro par, y he tenido el tiempo suficiente como para observar algunos de los aspectos de esta etapa.

Hace un par de días mi madre me pasó un artículo de El Confidencial, escrito por Daniel Lacalle: lo tienes aquí por si te pica la curiosidad. Lo primero que pensé fue: "joder, tiene razón". De hecho, este post lleva un mes más o menos en borradores, esperando a que lo termine y hoy por fin he encontrado el momento y las ganas. (Escribir por escribir puede resultar en una puta mierda, créelo).

El caso es que después seguí leyendo y deje de estar tan de acuerdo. La sugerencia casi explícita del artículo sobre la posibilidad de reducir la cantidad de universitarios o de carreras "inútiles" en España, bajo mi criterio, ni está en lo cierto ni es realista. A ver quién es el listo que le recomienda a su hijo que mejor estudie algo que le procure un cuadro medio en vez de un cargo de dirección.

Además, cualquier carrera puede redirigirse o especializarse. La versatilidad de perfiles dentro del mismo equipo es hermosa, útil y necesaria. Por ejemplo, en este máster estoy conociendo un montón de estudiantes con perfiles académicos completamente diferentes. Sí, sí; atiende: en mi clase se juntan antropólogos, arquitectos, politólogos, historiadores, científicos y publicistas. ¿Te lo imaginas?

Algunos de ellos con carreras de esas fáciles e inútiles (me siento incluida en esta categoría) y otros con carreras que les procurarán un espléndido futuro, de acuerdo a Daniel Lacalle. Y, believe me, todos hemos acabado aquí y todos seremos (espero) MAs en Corporate Communications el año que viene (es la mejor decisión que podría haber tomado, con todo lo que me costó decidirme). En parte resulta que estoy enamorada de la experiencia internacional, que engancha: cuanto más conoces, más quieres conocer.

Por eso, lo que sí que veo un punto en el escrito del señor Lacalle, pienso que los españoles necesitábamos largarnos a conocer el mundo por voluntad propia. Y esto no ha pasado nunca en nuestro país. Quiero decir, que por lo general en España los estudiantes no salían nunca al extranjero para conocer el mundo. Los que se marchaban eran españoles emigrantes en busca de una vida mejor y/o exiliados de la dictadura franquista. Es decir, los españoles salían por obligación, porque la situación lo exigía.

Ahora con el tema de la crisis, y gracias a los medios, vemos que algunos se van también. A través de "Españoles por el mundo" o de "Madrileños por el mundo" observábamos, desde la comodidad de los sofás de nuestras casas, a otros españoles en el extranjero. Parece que cuando no hay una razón de peso, se da una nula movilidad entre mis compatriotas, que prefieren permanecer en su zona de confort. A este respecto, afirma el autor de la reflexión: "No es positivo que un joven de menos de veintitrés años espere que toda su vida se mueva entorno al mismo círculo territorial, familiar y de relaciones personales y laborales" y he de reconocer que estoy completamente de acuerdo.

Por otro lado, comparto también que el sistema educativo de España es ridículo en cuando a la técnica de la memoria. La memoria no sirve para ponernos a prueba, la memoria no testa nuestra capacidad de reacción. ¿No sería más útil adquirir una perspectiva crítica y entrenarnos para razonar? Obviamente no.

El caso es que, como no parece que esto vaya a cambiar en un corto o medio plazo, qué coño; vámonos al extranjero. La cuestión es que, encima, el estado nos lo pone bien difícil porque, ¿acaso conoces alguna beca o ayuda del gobierno español para estudiar fuera (superior a los pocos euros que rebimos por el Erasmus)? Porque yo no. No sé, lo mismo es que tengo mala suerte pero lo único que encontré cuando vine aquí fueron becas o créditos de diferentes entidades privadas. ¿Sabéis las valiosas becas que otros estudiantes internacionales reciben? ¿Sabéis que muchos de ellos provienen de países en peor situación económica que la de España? Aún así, por lo menos yo he querido soñar grande y me he ido de todos modos.

¿Pero quién abandonó antes? 
No soy yo; eres tú, España.


17 de septiembre de 2015

Aterrizaje forzoso en París

¡Cuánto tiempo! Espero que esta sea la última vez que empiezo una entrada con la misma expresión. 

Esta vez tengo una buena excusa, te lo prometo. Resulta que he venido hasta París y, por lo que parece, voy a quedarme aquí por un tiempo (dos años al menos) Y -seguro que te lo he contado alguna vez- ya sabes lo jodido que es instalarse en esta maldita ciudad. Pero no voy a empezar por ahí. De hecho, esta vez mi travesía comenzó en Madrid poco antes de volar hacia aquí y un día antes de la apertura de curso.

¿Te imaginas que tienes que meter toda tu vida en una maleta y media? Sí, sí: pijama(s); camisetas; libros; apuntes; zapatos; los cadáveres que acumulas en el canapé de la cama; braguitas; lápices; maquillaje; comida al vacío (porque sí, obviamente me quería traer un buen repertorio de productos españoles antes de abandonar el país); etc. En fin, esa infinita lista de cosas. 

Además, seguro que también has pasado por ese momento previo a un viaje, cuando caes en la cuenta de que te has olvidado la plancha de pelo, el peine o yo qué sé. Pues eso mismo me pasó a mí en la cola hacia los mostradores de facturación aproximadamente media hora antes de que estos cerrasen. Pero no, no me había olvidado de un yo qué sé: me había dejado el puto DNI en casa -y no, tampoco llevaba encima el pasaporte. Puedes imaginar mi reacción al borde del suicidio o del harakiri, rodeada de maletas y con el billete en la mano. El caso es que mi bella madre fue capaz de volver a casa en tiempo récord para buscar mi DNI (que, cómo no, estaba en el escáner porque los franceses se excitan con los malditos papeles) y traérmelo, tan sólo ocho minutos antes de que cerrasen el chiringuito. Genial, ¿a que sí?

El caso es que nuestro avión, que en teoría debía despegar a las 20:40, iba a demorarse unos veinte minutos; así que no llegábamos tarde a la fase de embarque. De hecho, no nos sobró ni media hora ni una entera en la cola. Nos sobraron las cuatro horas de retraso que sufrió el trayecto y, por sobrar, también nos sobró el llegar a las cinco de la mañana a París y algo más tarde a la casa de los compasivos ángeles de la guarda amigos que nos acogían esa noche -ya que nuestro estudio nos lo daban el día siguiente. 

¿Recuerdas que volábamos un día antes de empezar las clases? Sí, ¿verdad? Pues verás: mis lunes empiezan a las 10:00 y terminan a las 21:15 y, como nuestros ángeles de la guarda amigos debían irse a sus respectivos trabajos, tuvimos que dejar su piso a las 8:00. No resulta difícil concluir que aquella noche dormimos poco más de dos horas, aunque nos quedaba el consuelo de llegar a nuestro ínfimo apartamento para... ¿descansar?

Imagino que para muchos el término "descansar" comprende una serie de características: sentarse, recuperar energía, comer, utilizar el baño libremen... ¿qué? Pues va a ser que no. Llegué a casa sobre las 22:00 -y sí, me meaba-, así que pensé que era el momento oportuno para estrenar nuestra caja con forma de baño. Pero la sorpresa llegó cuando fui a tirar de la cadena y... ¿qué? ¿Por qué no se oye nada? ¡Ah, que no funciona! Magnífico. Ideal. Conmovedor. Sobre todo porque esta situación se alargó un par de días y, claro, el tránsito intestinal integra determinados procesos -ya sabes- y sigue su curso o no.

La cuestión es que tuve que plantearme una solución provisional para este contratiempo y para ello hice uso del Starbucks que hay a cinco minutos de casa. No es que el Starbucks estuviera ahí para mí, sino que yo estaba ahí para él. Es decir, que aprendí a programar cualquier uso que pudiese hacer de él: unas veces descargaba archivos desde su router; otras veces eran otras cosas las que descargaba desde su aseo. Por su parte, también McDonald's fue una alternativa para dicho primer uso, aunque no para el segundo -ya me entiendes.

Pero esta autorregulación vital no fue la única complicación a la que nos enfrentamos. Por ejemplo, podríamos decir que nuestro estudio es esencialmente una cueva: se encuentra en el interior del edificio -por lo que no entra mucha luz- pero además no llega la cobertura, por lo que estábamos absolutamente incomunicados las primeras semanas. Lo bueno es que nunca llueve. Nunca llueve porque la lluvia no llega a nuestras ventanas. Es decir, tan sólo somos capaces de apreciarlo cuando diluvia torrencialmente en el mundo real. Romántico, ¿a que sí? En los siguientes posts lo sabrás.

Por otra parte, dormimos durante días tapándonos con los abrigos de invierno porque las sábanas estaban ya puestas cuando llegamos y no teníamos tiempo de hacer la colada -y porque nos daba cosa posar nuestros sofisticados glúteos sobre la cama y nos tumbábamos sobre el nórdico limpito.

Pero eh, no todo fue un desastre. La verdad es que, al menos esta vez, no tengo que subir las putas escaleras de cinco pisos y medio porque vivimos en el primero. Ah, no te dejes engañar: el apartamento es súper funcional y la verdad es que lo tenemos bastante cuqui gracias a algúnas técnicas ornamentales de bajo presupuesto.

En definitiva, fue todo algo precipitado pero ahora hemos cogido carrerilla y vamos mejorando (incluso le hemos sacado una cafetera y otras cosas a la casera).



¿Quieres seguir descubriendo las historias que París promete?
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29 de julio de 2015

El fin de mi etapa universitaria en España



Seguramente has entrado en este post porque eres un cotilla este es también para ti un tiempo de cambio o porque es verano y te aburres como una ostra tostándote bajo el sol. En mi caso, el presente estío supone el fin de mi paso por la Universidad Carlos III de Madrid y por las aulas en las que se suelen impartir las asignaturas de Ciencia Política y Sociología.

Después de cinco años y desde la terraza del hotel, resulta difícil dar con la definición perfecta de cada fase de una sólida, aunque fugaz, trayectoria universitaria que acabará por terminar en París (¡lo decidí en una semana!). Además, este último ha sido el más estresante pero también fructífero cuatrimestre de mi vida académica y creo que lo he olvidado todo desde que entregué el último tedioso Trabajo de Fin de Grado.

Lo que importa es que, después de superar más de trescientos créditos sobre materias que aborrezco, parece que he encontrado mi motivación vital. La realidad es que me ha costado bastante dar con ello pero al final me he graduado doblemente mientras tanto, ya ves. Tampoco me arrepiento, oye. En verdad pienso que, de todas, mi carrera es versátil y una risa no de las más difíciles, lo que permite que sea fácilmente reconducida y compaginada con otras actividades. Este Doble Grado es funcional, si se tiene en cuenta que desde pequeña, cuando pretendía ser psicóloga de perros, nunca he tenido una vocación estable (es decir, un interés que perdure dos meses al menos por alguna profesión en concreto).

De hecho, he tratado de dar de mí lo máximo este año académico. Este último curso dije “coño, voy a rentabilizar mi tiempo” y estudié cosas nuevas para superar retos nuevos y conseguir objetivos nuevos. He reído y llorado simultáneamente en casa, en el trabajo y en la facultad. ¿Te acuerdas del día que el PIC me hizo llorar? Mi último semestre podría ser la culminación de una intensa competición conmigo misma. ¿Y sabes qué? He ganado. He salido de mi zona de confort y lo he logrado; me he superado a mí misma. 

Bien podría decir que “he pasado al siguiente nivel" y que "ahora viene lo mejor”. Ciertamente, se trata de una cuestión altamente cíclica y subjetiva, ya lo verás. Por eso, ya adelanto que este no constituye mi último auto-desafío. Dentro de un mes y durante los dos próximos años seguiré compitiendo en París (ya sabes, largarse al extranjero o morir en el intento), a ver qué sale. 

Por lo menos, la tonificación de mis glúteos y piernas tiene consigo las de ganar... ¡Putas escaleras (parisinas)!



29 de marzo de 2015

La suerte... ¿cambia?

Buenas de nuevo, tras más de un mes sin publicar ni una miguita.

Hoy vengo a contar cosas optimistas porque me han insinuado que últimamente sólo me dedicaba a quejarme así que os traigo un post renovado

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He estado haciendo un montón de cosas durante este tiempo. Entre ellas, he tratado de reunir la documentación para diferentes becas que estoy solicitando con el fin de estudiar en Sciences Po París, donde me han admitido para el Master in Communications. Mi perspectiva pragmática no cuenta con lograr ningún tipo de ayuda económica (si al final resulta ser lo contrario estaré bien agradecida, claro está), así que me está costando bastante valorar si merece la pena la inversión de estudiar dos años más en la ciudad francesa sin ningún tipo de subvención. ¿Qué dilema, no?


A propósito, ¿creéis en la suerte? Yo no, aunque haya querido tunear el título para atraer vuestra atención. Yo creo que en gran parte somos nosotros mismos los que nos procuramos una suerte u otra. Suerte podría llamar al conjunto de variables infinitas más o menos fuera de nuestro alcance pero creo que este cúmulo es bastante más limitado de lo que solemos pensar. 

¿Habéis leído Los 88 peldaños del éxito de Anxo Pérez? ¿Lo conocéis, os suena al menos? Bueno, como estoy casi segura de que la respuesta es negativa, trataré de escribir próximamente una entrada sobre el libro y sobre los aspectos más destacables del mismo. Pero para que tengáis una idea general, el éxito depende en gran parte de lo que nosotros hacemos cada día, o eso es lo que Anxo defiende a grandes rasgos.

Seguro que me diríais que he tenido suerte encontrando unas prácticas estupendas que empiezo mañana. Se trata de un trabajo que llevo un tiempo deseando, tanto por su entorno como por la actividad que en teoría acabaré desempeñando. (Digo en teoría porque, como todos sabréis, uno no sabe bien a qué se va a dedicar en un nuevo empleo hasta que empieza). 

Estoy encantada pensando que estamos preparando una propuesta para una gran empresa, con el fin de que patrocine un gran evento en Madrid. En serio, no podría ajustarse más a lo que sería mi trabajo ideal. ¿Me odiáis ya lo suficiente como para desearme lo peor? Ya veréis cuando esté hasta arriba tratando de compaginar el trabajo, los TFGs, las cuatro asignaturas en las que me he matriculado y las clases de inglés que imparto. Una delicia para cualquier cuadro de ansiedad dispuesto a adueñarse de mi estado anímico.

El caso es que de suerte nada, chicos. Para que lo sepáis mi currículo pasó absolutamente desapercibido hasta que decidí buscar una dirección de correo electrónico para dirigirme personalmente al departamento de recursos humanos. Yo creía que incluso con esta iniciativa habían desestimado mi candidatura por esto que digo siempre de que las Ciencias Políticas y la Sociología no son muy valoradas en este maldito país. Pues no fue así, tras un mes de desesperanza el equipo decidió contactar conmigo y me comunicaron su decisión justo después de tener la entrevista.

Con ello, lo que quiero decir es que pocas veces un mero CV llega al destino que deseamos: la contratación. Sobre todo si tenemos un perfil poco o nada definido por los empleadores del país. Así que mi consejo es: ánimo y perseverancia en la búsqueda de empleo. Y con respecto a las cartas de presentación (cover letters) os recomiendo que, si una vacante realmente os interesa, diseñéis un documento específicamente redactado con el fin de solicitar dicho puesto. En él lo mejor es señalar cuáles son las habilidades, logros y formación concretos que habéis desarrollado y que más ayudarían al desempeño de las tareas asociadas al trabajo.

Y eso es todo lo que puedo contaros por mi experiencia, espero que os sirva.

Por cierto, quiero que sepáis que en menos de tres semanas mi gordito y yo estaremos viajando a tierras escandinavas, a Estocolmo concretamente, para visitar a nuestro amigo Igor (al que amamos y echamos de menos).

Espero tener un huequito antes para el resumen del libro sobre el éxito que os comentaba, ¡putas escaleras!

Hasta pronto:







 Maca











18 de febrero de 2015

Largarse al extranjero o morir en el intento.

De nuevo estoy aquí con un mensaje de ánimo para todos vosotros (cáptese la ironía). 

El otro día (de hecho, ayer) estaba en clase cuando el profesor de "Nuevas formas de trabajo y cambios laborales" nos animó a permanecer en España, porque hemos de luchar para que la situación mejore y parece que esto último depende de nosotros en gran medida.

Pues bien, precisamente no es este espíritu altruista el que me motivaba hace un par de años a desear y afirmar lo mismo: que yo me quedaba en España. Porque, en realidad, el año pasado cambiaron bastante mis expectativas laborales. Cometí el error de salir al extranjero y comprobar lo que sucedía ahí fuera. Y fue entonces cuando me dí cuenta de la gran montaña de mierda que los jóvenes españoles estamos acostumbrados a ver e, incluso, a comernos.


Hace un par de años confiaba en que, tras acabar mi estudios de postgrado, encontraría un trabajo digno decente que probablemente surgiría a partir de las prácticas de máster o algo así, qué se yo. Aunque hoy en día ni siquiera he terminado mis estudios de grado (pero me falta poco, todo sea dicho), sí que siento cada vez que busco empleo que este entorno laboral español está minando mi ánimo y mis ganas de quedarme en el país. 

Hasta hace bien poco pensaba que cada uno tenía la obligación y podía sacarse las castañas del fuego, y no es que hoy no piense lo mismo, pero me da que si tiene que pasar no va a ser en el país donde los técnicos de Recursos Humanos rehuyen el talento cuando lo huelen.

Ayer, un avez más, vi uno de esos programas de "(gentilicio) por el mundo" y no era capaz de imaginar cómo serían las vidas de muchos jóvenes españoles si cambiasen de lugar de residencia. Incluso, me atreví a consultar una página de búsqueda de empleo internacional en la que una oferta afirmaba que haber cursado el Grado en Ciencias Políticas suponía una ventaja. ¿Os imagináis mi emoción al ver tal milagro? Resulta que esa parte de lo que estudio, que nunca jamás he visto requerida en ninguna oferta de ningún portal de empleo nacional, sí que es incluso un punto a favor para determinados puestos de trabajo en el extranjero. ¡Qué locura! Al menos por una vez, podré superar el primer paso del proceso de selección: mi currículum encaja en el perfil solicitado.

Así que este es mi mensaje resumido: echadle un par e inconformaos*. 

Largaos. Largaos al extranjero o morid en el intento.





*Le tomo la palabra inventada a Anxo Pérez, escritor de Los 88 peldaños del éxito y creador de 8Belts.