30 de agosto de 2014

Dietas (mi dieta) y otros síntomas del síndrome de depresión postvacacional

En serio, al escribir el título de este post no he podido evitar preguntarme por qué síntoma y síndrome empiezan igual. Por eso he buscado la etimología de ambas palabras (derivadas del griego) y he descubierto que "sin" significa "con". ¿Qué locura demencial, no? ¿CASUALIDAD? NO LO CREO

Pero en fin, eso no tiene nada que ver con el título de esta publicación y no quiero defraudar a nadie con rollos pseudointelectuales que no llevan a ninguna parte. 

El caso es que el otro día estaba leyendo la revista Glamour en la playa...




Y un artículo referido a las dietas y las consecuencias de las mismas me llamó la atención. La verdad es que me gustaría tener delante el artículo para comentaros cada uno de los puntos absurdos que destacaba de lo tortuoso que es mantener una alimentación equilibrada y demás. El caso es que me acuerdo de que uno de esos motivos por los que las dietas no están creadas para mortales (y por ello tenemos que recurrir a la cavitación, a las lipos o al electro fitness, todos ellos al alcance de cualquiera) es su repercusión sobre las relaciones sociales. 

Porque, claro, ¿quién coño se plantea salir a tomar algo con las amigas y pedir un cortado con leche desnatada o una botella de agua mineral o, yo qué sé, un descabellado zumo de naranja natural? 

Obviamente, ninguno de estos elementos entran en el bagage gastronómico que cualquiera de vosotros debe portar. Por el contrario, debemos pedirnos como poco un gin tonic con pepino, pimienta en grano, pimienta molida, fresas, laurel, rábano del desierto, habas mágicas y unas gotas de suerte liquida o Felix Felicis (en realidad, no confío en que conozcáis este último ingrediente).

Pero bueno, mientras los/las divinos/as de este planeta sigan llenando el cupo de postureo atípico, yo me quedo con mi zumo de naranja natural, con el ejercicio y con mi dieta hipocalórica de toda la vida. Sí, sí, esa en la que comes verde y menos, pasas hambre y básicamente te jodes. ¿Acabará conmigo esta inusual normalidad que caracteriza mi vida dieta?

¡Lo sabremos en el próximo post (o no, porque para eso es mi blog y escribo de lo que me salga de los triglicéridos)!



Con sarcasmo y una pizca de desdén:





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