20 de marzo de 2014

M.

Ni los inusuales días de sol en París ni los ratos ociosos consiguen que me olvide de mi querida amiga Madrid.

Las arrugas por el paso del tiempo y el desgaste de sus huesos no la han restado ni un ápice de vida.

Madrid es una de esas  liberales y promiscuas que saben cómo pasar su tiempo en cualquier momento y lugar. La muy puta siempre está ocupada, aunque sabe cómo cautivarte en un rato, lo suficiente para que no la olvides nunca.  Puedes recurrir a ella para tomarte una copa o dos, Madrid guarda en su cómoda todo lo imprescindible y compartirá contigo lo que le pidas, si sabes cómo tratarla.

Cuando la echo de menos aunque la tenga cerca, me asomo por el balcón y la veo en todo su eterno resplandor, la oigo respirar. La calle Alcalá se extiende bajo los pies hasta que se pierde la vista en ambos sentidos. Un millón de luces se mezclan al final de cada uno.




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