7 de abril de 2016

El día en el que me colgué (literalmente) de mi profesor.

¿Qué puedo hacer para que te creas que no he tenido un sólo momento para escribir? Seguramente nada. A ver, es verdad que podría haber escrito mientras me cortaba las uñas de los pies, pero tampoco quería echar a perder mi momento mágico de relax diario (básicamente porque no tengo muchos más).

En realidad puede que un poco más. Bueno, sí. Vale, lo confieso. Pero los ratitos que he tenido los aprovecho para ver series y series y más series. Por ejemplo, terminé House of Cards una semana después de que la sacaran. Qué maravilla, ¿quién se iba a resistir? Es más, cuando más trabajo tengo con el máster, menos hago lo que debería hacer. Por eso cuando estoy de exámenes me sé de memoria el newsfeed de Facebook las últimas noticias. Por otro lado, como que me he super enganchado a un juego (sin jugar) y no me lo quiero descargar hasta que tenga más tiempo.


Aunque si algo bueno tiene no escribir en tanto tiempo, es que se acumulan las cosas que contar. Claro, que ahora podría poner una serie de bullet points para clasificar los temas pero como esto no es un puto paper de mierda, pues te lo contaré con un poco de storytelling de ese que está de moda.

Pues resulta que allá por febrero me ocurrió una historia super cómica con mi ex-profesor de Retórica. Estaba yo en el metro en ese momento de la mañana en el que escucho música molona para ir a full por la vida (así como que vas tipo estrella de rock pero que si te vieras a ti misma desde fuera pensarías "qué gilipollas es esa") y de repente, cuando me giro por un instante, me doy cuenta de que Mr. LP está a dos metros. Por supuesto, cruzamos miradas y no tuve más remedio que acercarme y saludar amablemente. He de decir que son muchos los rumores que corren sobre este hombre de mediana edad y, aunque a veces surja el término "perturbador" en lo referido a él, la verdad es que parece una persona inteligente (aunque con algunos conflictos internos que tal vez quiera resolver).

El caso es que íbamos tarde porque ambos somos un desastre de la puntualidad. Y estábamos andando rápido bajo la lluvia hasta que decidió cruzar a toda prisa un paso de cebra cuyo semáforo acababa de ponerse en rojo para los peatones como nosotros. Y corrimos. Y me resbalé con mis zapatos de plataforma. Y mi tobillo adoptó una posición nunca antes conocida. El caso es que, como apenas podía andar, Mr. LP tuvo que ofrecerme su brazo mientras me preguntaba sobre mi estado en inglés y mis gafas se llenaban de gotitas de lluvia porque, por supuesto, nunca llevo paraguas. Lo del inglés pues parecerá una idiotez pero la verdad es que nunca me había visto en la situación de querer decir "me cago en la puta, menuda hostia me he metido". Una escena muy entrañable, sobre todo porque tuve que ir amarrada al profesor hasta que llegamos a la puerta de l'école. C'est magnifique !

Mas tarde, ya en casa vendría la fase de buscar en wikihow si lo que tenía era un esquince o una mera torcedura. Me gustaría subir la foto aquí de mi pie aquel día pero creo que podría herir sensibilidades. Por cierto, se trataba de un esguince porque hoy (dos meses después) me sigue j*******. Por lo menos, ahora ya puedo subir las putas escaleras de Sciences Po, que son muchas.

Bueno, prometo guardarme muchas más de estas para las próximas entradas (es más, tengo ya nuevas anécdotas de mi vida absurda).

À bientôt !





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