15 de septiembre de 2014

Bodas y amigos emparejados ¿por qué estoy más sólo que la una?

Espero que el título de este post no os haya despistado. No, no he regresado a la soltería (ni lo pretendo de momento). Mi relación con determinado nórdico de ojos azules (de la que ya os hablé en algún otro momento aquí: http://putasescaleras.blogspot.com.es/2014/03/un-fin-de-semana-mas-contigo.html) sigue tan sana y tan alegre como siempre ha sido. No pretendo que me odiéis pero... c'est la vie!


No soy ni me creo una experta en el tema de las relaciones pero yo no paro de ir a bodas y bautizos y... esto se nos va de las manos. Qué deciros, el otro día estaba en un briefing para un congreso que voy a cubrir esta semana y no pude evitar fijarme en el embarazo ya evidente de otra de las azafatas... ¡Alucina! La muchacha tendría unos 24 años y ya estaba hipotecada de por vida. Que no es que sea nada malo, oye.

Yo también conozco gente que se hipotecó habiendo cumplido apenas la mayoría de edad y olé olé sus *******. Pero qué marrón ¿no? Tu ahí, viviendo en casa de tus padres, pidiéndoles dinero (o por lo menos dejando que te paguen la universidad) mientras otros llevan años cuidando de sí mismos ¡y de otros! Tampoco es plan de criticar las situaciones ajenas pero... à mon avis, cada cosa lleva su tiempo, unas cosas llevan más tiempo que otras y no es cuestión de precipitarse.

Al otro extremo de este espectro también sé de muchos. Tengo millones de amigos que ni tan siquiera saben lo que es una relación (ni quieren hacerlo). En realidad no creo que sea ninguna condición apocalíptica la de no haber tenido pareja antes de los 22 años. Es más, a veces diría que te ahorras bastantes chorradas si esperas hasta los 35 20 (aunque la experiencia nunca viene mal).


Lo que yo me pregunto muchas veces es qué condiciones dan lugar a un tipo de persona u otro. Si tuviera que clasificar a las personas entre aquellas que tienden a emparejarse y aquellas que prefieren el club de los singles, tendría bastante claro que sin duda pertenezco al primer grupo. Pero yo también he estado soltera (aunque por poco tiempo, no lo vamos a negar) y, cuando dejé de querer seguir siéndolo, creí que debía cambiar para conocer a alguien que mereciese la pena.

La última vez que había estado con alguien si es que puede llamarse así lo que sea que tuve con cierta persona había llegado a la conclusión de que ninguna persona podría estar a la altura de mis expectativas (ni, y ya ni te cuento, a mi propia altura). Así que decidí dedicarme tiempo a mí misma. Afortunadamente, decidí darle otra oportunidad al universo. Y pensé que era hora de dejarse conocer y de querer conocer a los demás. No tardó demasiado tiempo en funcionar (bien)...

Pero eso ya os lo cuento en otra ocasión, que no tiene desperdicio.








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